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DEL ORDEN Y LA PERPLEJIDAD


“Por más extraño que parezca, el hombre es indudablemente

sólo un desgarrón en el orden de las cosas”

Michel Foucault (Las Palabras y las Cosas)


A pesar de todos nuestros esfuerzos por comprenderlo, por enmarcarlo, por circunscribirlo, el mundo conserva una complejidad inmanente, que convoca nuestro asombro, nuestra curiosidad, nuestras ansias de descifrar.

Esa complejidad no habita, sin embargo, en lugares inaccesibles. Se encuentra en las cosas más simples, en el misterio que aún rodea la vida o en el inextricable devenir de sus estados y transformaciones. Desde su génesis, el universo no ha dejado de transfigurarse y mutar. Esos procesos de cambio han sido, y continúan siendo hoy, territorios de exploración para filósofos, científicos y artistas.

Silvana Blasbalg parte de este sustrato inconmensurable creando, ante todo, un universo propio, signado igualmente por mutaciones y migraciones. En sus cajas, libros e imágenes gráficas, pulsa un mundo de criaturas en continuo movimiento. El dinamismo no es sólo visual: se configura, además, en la superposición de estratos gráficos, en los diálogos entre imágenes, textos y objetos, en los deslizamientos entre técnicas artesanales y digitales. La tensión entre el soporte plano, los objetos y las estructuras de acrílico, entre producción manual e informática, entre orden y dispersión es una clave de lectura permanente que activa la mirada del espectador haciéndolo partícipe de una construcción conceptual pero igualmente vital.

En su anhelo por capturar este mundo, por aprehenderlo y personalizarlo, Blasbalg elabora colecciones, ensaya clasificaciones. Su objetivo no es, sin embargo, el que mueve al científico, que en cada categoría intenta agotar la diversidad de la naturaleza para arribar a un orden completo e inmaculado. Por el contrario, en las piezas de Silvana Blasbalg el orden se presiente efímero y precario, profundamente inestable. A pesar de los marcos, a pesar de las grillas que ordenan la composición, las figuras se resisten a homogeneizarse, reclamando el derecho a su singularidad.

Otro tanto sucede con el lenguaje, que asoma a veces de manera enigmática. Letras o palabras sueltas son metáfora de un conocimiento que sólo se erige dificultosamente, ante la compleja trama de lo real. En lugar de imponerse a las imágenes, de nombrarlas o calificarlas, los textos ingresan en un juego de equilibrios y tensiones, transformándose en puro elemento plástico. De esta forma, refuerzan el componente lúdico que late detrás de cada composición, y que es uno de los principios rectores de la práctica creadora de la artista.

No menos sutil es, en estas piezas, la articulación entre realidad y artificio, entre los ecos de una naturaleza convocada por las imágenes y las manipulaciones derivadas del trabajo artístico. En este nuevo contrapunto, las imágenes obtenidas por registro de la realidad interactúan con otras emanadas de imágenes anteriores, de objetos y de juguetes.

Así, cada obra es el resultado de un paciente proceso de producción y reproducción, selección y composición, búsqueda y ordenamiento. Un incentivo que reclama nuestra mirada, la ocasión de un redescubrimiento del mundo, que en su insistencia y singularidad nos conduce a maravillarnos una vez más con el enigmático orden de las cosas.




Rodrigo Alonso

El barroco orgánico de Silvana Blasbalg

La entomología nos dice que las características de los insectos son múltiples. Por ejemplo, su número de patas, su cuerpo compuesto en tres partes, sus movimientos y dimensiones, formas y colores diferentes, sus ciclos y metamorfosis. Nuestra percepción de la diversidad radical de estos seres vivos es es una fuente de emociones contrarias: así・como ante la luz fosforescente de una luciérnaga sentimos fascinación y encanto, el revoloteo y el zumbido de un moscardón nos resulta repugnante y disgustoso.

En sus obras recientes, Silvana Blasbalg pone en relación diferentes aspectos del mundo de la comida humana (su caracter social, sus utensillos, sus rituales) con el mundo de los insectos. Veamos que nos muestran algunas de sus obras. En una de ellas aparece un mantel decorado con una trama de coleópteros de numerosas especies, en otra la imagen fotográfica de una mosca posada en la mesa de un restaurante; hay obras que son "adornos" u "ornamentos" para el living-room, realizados con modelos reducidos de felinos cubiertos por una maraña de insectos no identificables o bien, bandejas invadidas por arañas y hormigas. Es evidente que la artista nos señala convivencias heterogneas, forzadas y conflictivas. Vale decir, nos muestra la promiscuidad entre todo aquello que nuestras costumbres y miedos ancestrales mantienen separados y que nosotros sentimos irreconciliables.

Es a través de su sensibilidad barroca que la artista elabora sus obras: hay efectos ilusionistas e inconexiones lúdicas, hay disolución de la forma y capricho en la composición. Hay superabundancia de detalles enlazados entre sí, sin que ninguno resulte superfluo. Las obras de Silvana Blasbalg nos proponen un equilibrio inestable e inquietante entre los opuestos complementarios de la belleza y la fealdad, el encanto y el asco, la virtud y el vicio, la maldad y la bondad, lo humano y lo inhumano, la naturaleza y la cultura.

Horacio Zabala. 2006